MI PRIMER BALI

Me tomó mucho tiempo escribir esta parte de mi viaje porque simplemente no sabía por dónde comenzar. Y pues por aquí voy, primero mostrándoles estas imágenes paradisiacas que no necesitan tanta descripción. Bali simplemente te enamora, le deberían llamar la isla de corazones, es imposible que no se te quede un cachito por ahí.

Mi llegada fue un poco enfadosa pues venía de Nepal, traía horas de vuelo y ropa encima por el frío que hacía en Katmandú, pero en cuanto sentí el clima de isla me cambió la cara, pero luego me volvió a cambiar cuando el agente de migración me trató como la hija de cualquier narcotraficante mexicano y famoso de series palomeras. En fin, me detuvieron y cuestionaron como una hora, que si sabía que traía en equis parte de mi maleta y con la mareada olvidé que traía unos tés y chai en polvo y bueno, todo el drama fue por eso, al final salí victoriosa camino a mi hostel ecológico.

Solo había reservado por una noche y yo confiada que había mucha oferta hice mi check out, cuál es mi sorpresa que justo ese día ya tenía que tener donde encerrarme por 24 horas porque era un día de celebración nacional llamado “Nyepi day” (día de silencio).

Hermosa celebración solo con unas cuantas horas de estrés en lo que encontré otro lugar, que fue precioso. Les cuento más de este ritual viene del hinduismo, es un día de reflexión, ayuno, silencio. Todo lo que interrumpa este propósito como cosas relacionadas con trabajo, viajar, hacer ruido, entretenimiento, está prohibido. Se les da un descanso a las calles de Bali y debes permanecer dentro de tu casa o en este caso hotel sin poder salir, solo los guardianes están afuera. Ah también con luces apagadas y en el mayor silencio posible. Aplica a toda la isla, hasta el aeropuerto lo cierran, precioso.

Al día siguiente todo se reincorpora, las familias se reúnen a pedirse perdón unos a otros. Se celebra el año nuevo y también hay un desfile de demonios hechos artesanalmente se le llama “ogoh-ogoh” que se queman al final. Mucho ruido y celebración.

En fin, esa fue mi primer fase balinesa, después vino otra etapa de “lloring total” hahaha además del estrés que traía porque tenía varios paquetes atorados en la aduana de México, resulta que el mejor medio para moverse es en moto, claro yo nunca había manejado una y me negaba a hacerlo.

Pero pues tuve que aplicar un “Ya estamos aquí” y con todo el “mieding” del universo renté una y me decidí a aprender sola. NO LO RECOMIENDO, nunca sentí miedo más grande en mi vida NUNCA, pero bueno al final sobreviví, si lloré muchas veces cuando me quedaba atrapada en el mar de motos y no podía dar vueltas o en las bajadas empinadas. Pero al final del viaje ya me sentía mucho mejor y más segura, aún así recomiendo ampliamente que se metan a clases y sepan manejar vespas antes de llegar a Bali, el resto es taxi o rides de motos que pagas pero gastas un dineral y hay mucho tráfico.

Del resto de mi aventura por Bali les puedo contar que la zona de Canggu fue mi primer parada esta llena de gente de todo el mundo, comida deli súper saludable y otra local, muchos surfers y guap@s de todo el mundo y fiesta. Luego Ubud más al centro de la isla, mucha jungla, templo de los monos, más arrozales y centros de yoga y artesanía. En una escapada me fui al norte a visitar un volcán y ahí cerca otro nivel desbloqueado, tomar el café más caro del planeta. Pero esa es una historia para mi siguiente post.

En conclusión Bali se quedó con otro pedazo de mi corazón #graciasmasporfavor

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